domingo, 27 de julio de 2014

Capítulo 38

|Narra Laura|
Es todo blanco y me inquieta. Me han mandado a tumbarme en una cama para hacerme unas pruebas. Estoy vestida con una bata azul abierta por detrás de arriba a abajo.
Justin y los demás están fuera esperando a que los médicos los dejen entrar.
Aún sigo sin saber qué tengo exactamente.
—Bueno, Laura. Ahora que estás más despierta, creemos que puede ser una gastritis aguda. Te hemos hecho una endoscopia y tienes solo una parte del estómago afectada. Así que, te quedarás unos días aquí recibiendo tratamiento para ver si desaparece y te irás a casa. ¿De acuerdo?
Asiento aturdida. ¿Gastritis? Nunca pensé que tendría eso.
—¿Pueden entrar ya mis amigos?
—Por supuesto, pero de uno en uno.
Asiento con una pequeña sonrisa.
La doctora sale de la habitación y me deja sola.
|Narra Justin|
Estoy muy nervioso, demasiado. Nos han dicho que no nos preocupemos que no es nada grave pero no nos dejan pasar a verla.
—¿Familiares de Laura?
—Sí,—decimos todos al unísono.
—Ya pueden entrar a verla, pero de uno en uno, por favor.
—Gracias, doctora,—consigo decir.
Luego desaparece por la esquina del pasillo.
—¿Quién va a ser el primero?—pregunto.
—Deberías ir tú. Seguro que es a ti a quien más espera ver,—responde Peyton.
Asiento y me levanto de la silla.
Me dirijo a la puerta de su habitación y la abro. Está todo muy silencioso, pero al final de la habitación hay una pequeña cortina echada. Supongo que será la cama de Laura.
Me acerco hasta ella y abro poco a poco la cortina. Está ahí con una hermosa sonrisa y...¿eso son lágrimas?
—¿Estás llorando?—digo acercándome a ella.
—Sí, es que...—agacha la cabeza—, he sido una estúpida.
—Eh, cariño, no digas eso. ¿Por qué estás así?
Me siento a su lado en la cama cogiendo una de sus manos.
—Es que debía haberte hecho caso, pero como soy una cabezota mira lo que ha pasado. Yo no quería esto,—solloza.
—Eh, nena, tranquila. Tú no tienes la culpa de nada,—le digo abrazándola.
—Sí, por mi culpa estáis todos aquí.
—Hubiera pasado lo mismo si hubiésemos venido antes, mi amor. No te tienes que culpar de nada. A mi tampoco me gustan los médicos, —le sonreí y le acaricié la mejilla una vez que me separé de ella.
—¿De verdad?
Asiento.
—Lo siento,—agacha la cabeza.
—No tienes que disculparte por nada, nena.
Me mira con los ojos vidriosos y con una pequeña sonrisa.
—Te amo,—susurra.
—Y yo a ti, cariño, y yo a ti,—le sonrío.
—Me han dicho que tengo que quedarme unos días.
—Bueno, no me voy a mover de tu lado si es lo que piensas,—sonrío.
Ella me devuelve la sonrisa sin parar de mirarme.
—¿Me das un beso?—suelta de repente.
—¿Me lo estas pidiendo en serio?—río—. No hace falta que me lo pidas dos veces, nena.
Me acerco a ella y paso mi mano por su mejilla hasta agarrar su nuca y junto mis labios con los suyos. Ella pasa su mano por mi pelo y lo alborota, lo que provoca que gruña. Sabe que me saca de quicio que haga eso, pero a la vez me encanta.
Muevo mis labios y rozo su labio inferior con mi lengua para que me deje entrar, y así hace. Sin resistencia me deja volver a explorar su boca y ella hace lo mismo en la mía.
La quiero tanto, pero tanto que me da miedo que esto se acabe. Cada día con ella es un día único y no me puedo quejar de que haya rutina porque no la hay. Es increíble lo que esta chica me ha hecho sentir. Algo que nunca nadie pudo. Estoy jodidamente enamorado de ella, hasta el último de sus defectos.
Sigo uniendo mi lengua con la suya y casi no me queda aire, pero me siento tan vivo así que no puedo separarme de ella. Aunque así hago porque tampoco quiero ahogarla, ya era lo que me faltaba.
Junto mi frente con la suya y la miro como puedo a los ojos. Ella sonríe y ya no los tiene vidriosos sino vivos y brillantes. Sonrío imitándola y deposito un pequeño beso en sus labios para luego separarme de ella.
—Eres increíble,—rompe el silencio.
—No, que va. Tú lo eres,—le respondo.
—Te amo tanto, cariño. Gracias por todo lo que haces por mi.
—No me des las gracias. Yo también te amo,—sonrío—. ¿Quieres que le diga a los demás que pueden pasar?
—Sí, por favor. Pero luego ven otra vez.
—Lo haré. Hasta luego, nena.
—Hasta ahora.
Y vuelvo a darle un beso, menos corto que el de antes pero no tan largo como el anterior.
Salgo de la habitación y aviso a los demás de que ya pueden pasar.
[…]
|Narra Laura|
—¿Ya se han ido a casa?—pregunto una vez que entra Justin.
—Sí, acabo de despedirme.
—¿Tú te quedas?
—Por supuesto.
—No hace falta, ¿eh? Estoy acostumbrada a dormir sola.
—Pero no en un hospital. Y como no está tu padre pues me quedo yo,—sonríe.
—Puedes irte, de verdad. Lo último que quiero es ser una carga para ti.
—No eres una carga ni mucho menos,—se sienta en uno de los sillones a mi lado—. Al menos tengo una excusa para quedarme contigo esta noche, —ríe y me guiña el ojo.
Río con él.
—Eres de lo que no hay,—cierro los ojos y luego miro al techo.
—¿Te duele?
—¿El que? ¿El estómago?
—Sí.
—No, sólo cuando hago un movimiento brusco.
—Vale,—asiente lento y mira hacia el suelo.
—¿Qué ocurre?
—No, nada. Se me hace raro verte ahí.
—¿Seguro que es solo eso?
Asiente mostrando media sonrisa.
Vuelvo a mirar al techo y respiro profundamente cerrando los ojos. Odio estos sitios, necesito tomar aire fresco pero no me dejan moverme de la cama ni para ir al baño. Estoy harta.
Me revuelvo en la cama y me pongo de lado mirando al sitio contrario donde se encuentra Justin.
—¿Estás bien?—le oigo decir.
—Sí,—susurro.
—¿No estás cansada?
—Solo un poco.
Oigo como arrastra la silla del suelo y se levanta. Lo escucho andar y cuando abro los ojos lo tengo delante mirándome.
—¿Qué?—pregunto.
—Dime qué te pasa.
—Eso mismo te he preguntando antes yo y no me has dicho la verdad.
—Sí te la dije. Es solo...que no me gusta verte así, ¿vale?
—¿Así cómo?
—Sin energía, apagada. Necesito verte inquieta, dando saltos como una niña pequeña. Sacándome de quicio o besándome y dándome mimos sin parar. Es solo que odio verte ahí tumbada obligada a estar así hasta Dios sabe cuándo.
Sonrío tímidamente y le agarro de su camiseta tirándole hacia mi para abrazarlo.
—¿Qué me has hecho, Laura?—noto como se pasa la mano por el pelo e inspira profundamente escondiendo su cara en mi cuello.
—Amarte, eso es lo que hago,—susurro con los ojos cerrados.
—Te amo... te amo tanto,—susurra.
—Yo te amo muchísimo más, gracias por todo,—sonrío y me separo de él.
—No me tienes que agradecer nada, deja de decirme gracias,—ríe y pasa una mano por mi cara haciéndome reír.
—Gracias. Gracias. Gracias,—río.
Él sonríe y niega con la cabeza.
Todo se queda en silencio. Él sentado en el sillón al lado de mi cama y yo me siento cruzando las piernas como un indio. Justin me mira, a veces le sale una pequeña sonrisa y otras se queda muy serio y pensativo. No puedo dejar de mirarlo ni un segundo, es tan perfecto, tan hermoso, tan... sexy. ¿Cómo he podido llegar a amar tanto a una persona? ¿Y qué se supone que haré cuando tenga que volver? Nunca me he parado a pensarlo, aún me queda un año y medio aquí, pero... ¿luego? ¿Qué pasa luego? No podré vivir sin él ni un minuto, no podré parar de pensar en él. Lo amo demasiado y me duele tener que dejar esta vida atrás.
Mi rostro se oscurece y miro al suelo muy seria, aún no sabe cuánto tiempo me queda aquí y no puedo decírselo. No quiero.
—¿Qué te ocurre?
—¿Eh? Oh... nada. Estaba pensando.
—Te has puesto muy seria de repente.
—Sí bueno...—intento como pueda buscar una excusa.
—Dime en qué pensabas.
—En...—hago una pausa—. En mi familia.
—Oh...—susurra y mira hacia el suelo—. ¿Los echas de menos?
—Mucho,—asiento.
Y no, no le estoy mintiendo, simplemente en parte es una verdad a medias. Se puede decir que es una mentira piadosa.
—Si quieres... podemos hacerles una visita este verano.
—¿En serio?—lo miro con una sonrisa.
Asiente sonriendo.
—¿Lo harías por mi? ¿Vendrías conmigo a Boston?
—Sí, lo haría, pero tengo que hablarlo con mi madre,—sonríe de oreja a oreja.
—Eres... eres lo mejor,—sonrío y me quiero lanzar sobre él pero recuerdo que tengo los cables puestos y me quedo quieta—. Ven, ven aquí,—le digo sonriendo.
Él se levanta y se acerca a la cama. Lo vuelvo a agarrar del chaleco y con mi otra mano lo cojo del cuello acercándolo a mi. Junto mis labios con los suyos muy fuerte, y él pasea su mano por mi cintura. Roza mi labio inferior como siempre hace y dejo entrar su lengua en mi boca. Necesito tanto sentirlo. Lo deseo muchísimo.
Pasea su mano por mi pierna y con la otra me sigue agarrando de la cintura. Lo oigo gruñir y me acerca más al filo de la cama. Baja una mano hacia mi trasero, pero no puede agarrarlo y vuelve a gruñir soltando una pequeña risa. Sonrío sobre sus labios y vuelvo a besarle. Muerde mi labio llevándoselo hacia él y gimo. Se pega todo lo que puede a la cama y sigue arrastrándome hacia él hasta que ya no queda espacio entre nosotros. Deja de besarme y deja un camino de besos hasta el cuello. Me aparta el pelo y por inercia giro la cabeza dándole espacio.
Sé que no está bien. Cuando menos lo esperemos vendrá alguna enfermera y no quiero que nos pillen, pero lo necesito tanto que no puedo parar.
De un momento a otro, deja de besarme y busca mis ojos. Lo miro desesperada y me regala una sonrisa y un beso en la mejilla.
—No podemos hacerlo aquí,—susurra y suelto un suspiro de desesperación.
—Lo sé,—susurro y me alejo de él tumbándome en la cama.
Justin vuelve a su sitio y saca el móvil.
—¿Qué hora es?
—Las once.
—¿Dónde vas a dormir?
—Aquí supongo.
—¿En el sillón?
Asiente.
—¿Quieres dormir conmigo?
—¿Y si entra alguna enfermera? Me reñirá y me echará de aquí.
—Si quieres dormir ahí incómodo...—murmuro y lo miro.
—Está bien, hazme sitio,—sonríe acercándose a la cama.
Me hago a un lado y le dejo un poco de espacio para que se meta. Nos quedamos frente a frente.
—Esto es muy incómodo,—suelta un bufido como risa.
—Espera, túmbate y me pongo encima.
—¿Qué pretendes hacer?—abre los ojos como platos.
Río.
—Eres imbécil, túmbate.
—Está bien,—ríe y se tumba en la cama.
Me pongo a su lado y apoyo mi cabeza en su pecho y él pasa su mano por mi espalda.
—A esto me refería,—lo miro.
—Ya lo sabía, tonta,—ríe.
Sonrío y cierro los ojos.
—Buenas noches, idiota. Te amo,—murmuro.
—Hasta mañana, enana. Te amo mucho más,—susurra y pasea sus manos por mi espalda.
Con los movimientos de sus manos consigue hacer que caiga en los brazos de Morfeo.


sábado, 4 de enero de 2014

PARADA.

Voy a parar la novela un tiempo porque esto de estudiar 1º de Bachiller me esta agobiando, no he podido escribir por tiempo, inspiración y por ganas. Siento mucho tener que parar ambas novelas pero pronto las retomaré. NO LA HE DEJADO, que conste. Pronto subiré otro, no se cuando pero lo haré.
Os pido disculpas y siento las molestias, se que algunas os gustaba pero ya veis que todo no se puede llevar por delante, yo también tengo mis estudios y mi vida.

Os agradezco a muchas de las que estuvisteis desde el primer capitulo y a las que llegasteis en el último pero de verdad que necesito tiempo porque tengo muchas cosas en mente y apenas tengo tiempo ni para dormir. Espero que me comprendáis, si algún día puedo sacar tiempo os juro que subiré algún que otro capítulo.

Lo siento mucho.
Atte: Lau.