Pasé todo el fin de semana en mi casa recibí visitas de las chicas y de Justin, pero muy pocas veces.
Últimamente estaba raro conmigo, antes me hacía la vida imposible y ahora esta de un agrado. No lo entiendo parece que es bipolar.
Ahora voy a clase, estoy montada en el taxi, esperemos que sea un buen día.
(...)
Llegué a la Universidad, me bajé del taxi y le pagué al taxista, entré por la puerta de la Universidad y se acercó a mi Justin.
-Hey,-sonrió.
-Hola,-le sonreí
-¿Estas mejor?
-Si
-Oye ¿le has pagado al taxista?
-Pensaba que aquí también se le pagaba,-le dije mirando al frente.
-Y así es.
-Entonces ¿cual es el problema?
-Que si quieres, te recojo yo en mi moto, y no tienes que gastarte el dinero, porque no te voy a cobrar por el viaje,-me guiñó un ojo.
-No quiero ser una molestia
-No lo eres.
-Como quieras.
Él sonrió, y entramos en el aula de siempre.
Se me acercó corriendo Peyton.
-Oye eres malísima, ¿como no me contaste que sales con Justin?
-¿De que hablas? Es solo un amigo.
-Ah, es que como te veo muchas veces con él. Pues una piensa mal.
-Pues piensa mejor, porque jamás estaría con él.
-Bueno leona,-rió.
Nos sentamos en nuestro sitio, yo de nuevo al lado de Justin.
-Oye, tengo que contarte algo,-me dijo al oído, Justin
-¿El que?
-Habrás oído hablar de mí, de que me pasó algo ¿no?
-Bueno, algo he oído.
-Pues cuando den el descanso, ven conmigo
-Vale
Las clases se pasaron rápidas, yo sólo pensaba en lo que me tendría que decir Justin, y porque me lo tenía que contar a mi.
Por fin sonó la sirena del recreo, yo miré a Justin y él asintió, cuando salieron todos del aula Justin me agarró del brazo y me llevó a otra aula vacía, pero no quería encender las luces, ya que no debíamos estar allí.
-Bueno, te he traído aquí, porque pocos saben lo que me pasó, y he decidido contártelo porque tú me has contado uno de tus secretos mejor guardados, y has confiado en mí, a si que yo debo hacerlo también.
-Justin, no te veas obligado ha hacer esto, no me importa que me lo cuentes, si prefieres guardártelo, yo lo acepto.
-No, necesito contárselo a alguien.
-Como quieras.
-Pues bueno, yo era pequeño, no llegaba a los cinco años, y mis padres a veces discutían, contnueamente por tonterías, yo temía que algún día llegasen a pegarse, pero ese día no llegó, cuando cumplí los seis años, mis padres a los dos meses me dieron la noticia de que se separaban, yo me derrumbé y me escapé de casa, me fui a la de un amigo, diciendole que me cabreé con mi madre, y su familia me dejó que me quedase allí, mis abuelos me buscaban y preguntaban a la gente, hasta que supieron que me encontraba escondido en la casa de mi mejor amigo, ellos vinieron y yo me negué a volver, no quería vivir sin padre, porque no sería capaz, y al menos allí tenía familia, a los dos días después decidí volver, porque sé que mis padres estaban preocupados, y no les gustaría que su único hijo también se separase de ellos. Días después de llegar a mi casa me encontré a mis padres en el salón leyendo unos papeles y yo ya sabía que papeles eran, los del divorcio, a si que comencé a llorar en silencio ellos no se daban cuenta de que les observaba, hasta que los vi abrazarse y supe que ese era el fin de nuestra familia. Me llevé sin salir de mi habitación años, no sabía nada de mi padre hasta que me enteré que se echó novia, entonces supe que tenía que pasar página.
Un día decidí salir a la calle y dar un paseo, y me topé con lo mejor que me pasó en la vida, yo ya tenía 10 años y supe en ese momento que me había enamorado, ella se hizo muy amiga mía y llegó el día en que ella misma me pidió salir, yo sin pensar en lo que podía pasar le dije que sí, y a las dos semanas me dejó delante de todos y me rompió el corazón, ella nunca se enamoró de mí, y yo no paraba de pensar en ella cada día, a si que decidí congelar mi corazón y esta vez ser yo el rompe corazones, a si que me convertí en la persona que conociste. Pero cuando empezó este curso conocí a una persona que derritió ese hielo, y que ha sacado lo mejor de mí, es una persona adorable, aunque cuando me conoció me odiaba, sé que ella es una buena chica por como me trata y me gustaría saber si ella siente lo mismo por mí...
-Espera, espera,-le interrumpí- me estás diciendo que estas ¿enamorado?
-Sí,-sonrió
-Oh, vale sigue.
-....pues eso que me gustaría saberlo, y no se como preguntárselo.
-¿Lo hago por ti?
-No, no gracias, sólo quiero saber como sé que esa chica me quiere.
-Pues, por la manera en que se comporte contigo, no sé. ¿Me dices quien es?,-dije dándole un golpe en el brazo.
-No puedo,-dijo sonriendo.
-¿Por que?
-Porque no te lo puedo decir.
-Pero si tu confiabas en mi
-Ya pero esto es diferente.
-Como quieras, yo me voy a comer que tengo hambre,-reí- luego nos vemos, adiós.
-Adiós.
Me fui al comedor y me cogí algo ligero porque no me quedaba mucho tiempo, y me senté con las chicas.
-¿Donde estabas?-preguntó Peyton.
-Hablando con Justin.
-¿Sobre que?
-Cosas
-Ah,-dijo mirándome.
Sonó de nuevo el timbre y volvimos a clase, el día se me hizo largo, pero recibí la visita de alguien muy especial. Llamaron a la puerta y fui a abrir.
-¿Quien es?-pregunté
-El chico mas sexy del mundo,-dijeron desde fuera, yo sonreí y abrí a Justin.
-Hola, chico sexy ¿que haces aquí?
-Visitarte, ¿no puedo?
-No te esperaba.
-Pues aquí estoy,-dijo pasando como si fuese su propia casa- ¿puedo pasar, Laura?,-dije repitiendo lo que tenía que haber dicho.
-Lo siento,-rió.
Se sentó en la cama y yo al lado de él.
-Y bien ¿que querías?
-Nada, me aburría y digo, voy a molestar a Laura.
Negué con la cabeza y reí.
-Si te digo la verdad, no molestas.
-Oh, gracias, es un halago, pues volveré otro día que estés cabreada.
-Pues bien, así me dejarás dormir
-¿Te desperté?
-No, pero bueno.
Pasamos toda la tarde juntos, riéndonos de tonterías, y haciéndonos fotos, tal como salíamos, pero había una que me llamó la atención, salíamos muy bien, era mi favorita de todas las que nos hicimos. Él sonreía y yo estaba apoyada en su brazo sonriendo también, y ahí algo dentro de mí se accionó.
Aveces me miraba brevemente y sonreía, yo le observaba de reojo y me daba cuenta que solo con mirarle se me hacía menos difícil creer que hay algo decente en ese mundo.
CONTINUARÁ
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